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Una antología bien negra (Diario La Nación)
Publicada el 2015-08-15
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Una antología bien negra

Sobre Vivir y morir en USA, de Autores varios

Por Elvio E. Gandolfo  | Para LA NACION

Una buena antología de relatos debe cumplir reglas que se superponen a las de un buen libro de cuentos de un solo autor. Es ideal que empiece y termine con una narración memorable, por ejemplo. Si, como aquí, se relaciona con un género (la "serie negra"), conviene que sea representativa. Y de ser posible, extensa. Aunque hay antologías cortas clásicas, como los Cuentos policiales de la serie negra que compiló Ricardo Piglia en 1969: le bastaron siete autores para dar un panorama que hoy se mantiene vigente.

Vivir y morir en USA cumple con esos requisitos, y en algunos aspectos los supera. En el subtítulo (Los mejores cuentos policíacos de Akashic Noir) se nombra a la editorial original norteamericana. El prólogo y la selección son de Johnny Temple, pero la cantidad de personas implicadas es numerosísima. Son 32 relatos, traducidos por 32 escritores de México, donde se armó el volumen. El sello Akashic Noir publicó una gran cantidad de antologías de "noir", relacionada cada una con una ciudad o zona: Brooklyn NoirChicago NoirSan Francisco Noir, entre otras. Temple las destiló para estructurar este tomo y dar un panorama de todo Estados Unidos.

Están varios de los nombres principales. Faltan algunos (James Ellroy), pero figuran muchos no conocidos en la Argentina, con grandes relatos. El primer y el último cuentos son impecables. Leer "Rescate animal" de Dennis Lehane (el de Mystic RiverShutter Island y La entrega) es una lección sobre cómo pintar un barrio y sus personajes. En cuanto al último cuento, "Demasiado cerca de lo real", de Jonathan Safran Foer, cruza la fantasía, el relato psicológico "de dobles" y las nuevas tecnologías (los "Google Maps" de ciudades): el narrador se filtra con su cuerpo real en las fotos y descubre que es un juego peligroso.

Ni George Pelecanos con "El informante encubierto", ni Michael Connelly con "Mulholland Dive" (leve variante de Mullholland Drive, la famosa calle de Los Angeles), ni Lee Child con "Transporte público", ni "Después de treinta días" de Don Winslow defraudarán a quienes ya conozcan a los autores por sus novelas traducidas. Todos escriben relatos veloces, profesionales, eficaces. El "raro" Jerome Charyn supera el profesionalismo en "Escoria". Por su corta extensión podría ser una viñeta, pero despliega un cuento muy bien bailado en una sola baldosa, políticamente incorrecto: una "mujer mala" a la antigua recibe su merecido. En esa línea son menos disculpables las muertes de dos o tres mujeres de otros relatos de la colección, de claro tinte misógino.

Joyce Carol Oates, en "Corre y besa a papá", elabora muy bien la angustia del protagonista, aunque el cierre es blando en su ejecución. Como otros de los textos incluidos, demuestra que es muy mala idea "volver a casa", aunque ésta sea una cabaña para vacaciones. Una perla rara es "El tik", de John O'Brien (el de Adiós a Las Vegas), rápido y macabro, con algo de Bret Easton Ellis. Algunos cuentos pertenecen más bien a la tradición del relato realista norteamericano que a la de la "serie negra". Por ejemplo, "El saqueo", de Julie Smith, implacable retrato de la Nueva Orleans barrida por el huracán Katrina. Hay algunos textos previsibles o endebles: "Lighthouse", de S. J. Rozan, o "La firma de libros", de Peter Hamill. Lawrence Block ejecuta con mano firme un relato complejo, en "Si no puedes con el calor". Jeffrey Deaver, por su parte, hace un relato de estafadores en la línea de la película Nueve reinas, en "Un bonito lugar para ir de visita".

De a poco, se va imponiendo una visión acumulativa del "gran país del Norte": es un paisaje crepuscular, violento, con pocas salidas, a mucha distancia de las visiones imperiales. Un gran relato, "La zona neutral" de Kate Braverman, resume a la perfección ese clima general al describir la deriva de dos mujeres de distinto origen social que liquidan una amistad en pocas páginas: "No existen las zonas neutrales. Son una ilusión, un constructo delirante, como las películas y los contratos de bienes raíces. Los satélites mapean cada código postal e intervienen cada teléfono. Las ciudades son enclaves en arenas de combate. Nacemos con armas de destrucción masiva. Están en nuestros genes, pasan de generación en generación, como herencia envenenada".

 

VIVIR Y MORIR EN USA

 

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