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A los 56 años, supo que sus padres habían sobrevivido al Holocausto

Dory Sontheimer es autora de "Las siete cajas".En la casa familiar, la escritora halló unas cajas con documentos sobre su familia alemana durante el nazismo.

 
En la memoria. Sontheimer asegura que le sigue conmoviendo mucho todo lo sucedido. / NESTOR SIEIRA
 

En la memoria. Sontheimer asegura que le sigue conmoviendo mucho todo lo sucedido. / NESTOR SIEIRA

 

“Llegué a Friburgo y vi los nombres de mis abuelos en dos placas metálicas en la calle donde habían vivido. Fue un golpe durísimo. Me convencí de que todo lo que mi padre había dejado en aquellas siete cajas era real y no una ficción sin terminar”. Dory Sontheimer se quiebra al recordarlo. Y se hace un silencio incómodo donde se instala su dolorosa historia familiar. Para “hacer catarsis” y alumbrar tanta oscuridad escribió Las siete cajas (Circe), un libro minucioso que revela la estrecha colaboración de Franco con el nazismo, a través de las angustias que vivieron sus padres y abuelos.

La autora era una farmacéutica catalana, católica, acomodada, casada y con dos hijos, cuando su madre Rosl murió. En el deterioro de su memoria el horror vivía agazapado: “Por su enfermedad mi madre volvió a hablar sólo en alemán y con frecuencia gritaba que la Gestapo vendría a buscarla”, le cuenta a Clarín esta mujer de ojos azules, de 68 años, que presentó su biografía familiar en el Museo del Holocausto en Buenos Aires. Hoy, con su identidad reconstruida, se declara plural. “Mi padre me enseñó que la ética y la moral son universales”, declara. Al vaciar la casa familiar en 2002, Dory Sontheimer encontró el legado de su padre: siete cajas con material clasificado en fotos, cartas, documentos, papeles inesperados sobre las tristes circunstancias de su familia alemana durante el nazismo. La autora cuenta que fueron 35 los familiares que murieron en aquel período histórico.

Hasta hace 12 años, Dory Sontheimer sólo sabía por una lejana referencia de su juventud que su familia tenía “raíces judías”. Clasificar y digerir aquel material que reconstruiría su identidad fue una tarea ardua. “Yo no sabía nada de la Segunda Guerra Mundial y del nazismo sólo conocía el Holocausto, los campos de concentración y poco más. Tampoco tenía mucha idea de lo judío y lo católico. Me casé joven y me involucré en muchos temas. Pero todo ello empezó a interesarme en la última etapa de la enfermedad de mi madre”.

Hay en el libro una reconstrucción histórica, mucho material real de la vida de su familia y herramientas de la ficción para unir todo el archivo. Hay diálogos ficcionales que ayudan a comprender a aquellas personas de carne y hueso –abuelos, tíos y primos de la autora– que no pensaron que el nazismo sería tan poderoso y para quienes luego la huida fue imposible.

Dory Sontheimer endurece la voz cuando dice: “ Mis padres se convirtieron al catolicismo en 1939. Con la nacionalidad española completaron lo que necesitaban para estar a salvo. A pesar de ello de 1942 a 1943 mi padre fue convocado al consulado alemán y mi madre le pidió que no se presentara”.

Cuando se le pregunta por qué no buscó antes sus raíces, la autora lo tiene claro: “Me costó muchísimo romper el silencio. Y creo que es porque el miedo se hereda genéticamente. Mis padres vivieron con tanto miedo que nos lo transmitieron. Fue por miedo y por protegerse y protegernos que decidieron guardar su historia. Me sigue costando entender cómo la sociedad europea de la época actuó de aquel modo. Si los aliados, como supe después, conocían de antemano la existencia de los campos de exterminio y las deportaciones, por qué no bombardearon directamente las vías del ferrocarril. Hoy me siento tan católica como judía o plural".

Alemania, República Checa, Israel, Estados Unidos, Canadá y Argentina fueron parte del mapa que la autora recorrió para reconstruir su identidad. En 2010 acometió la tarea que culminó en el libro. La búsqueda ayudó también a sus familiares en esos países que, con su familia muerta en campos de exterminio, no conocían demasiado de la historia. De todo el material, son quizás las cartas de su abuela materna Lina, quien junto a su abuelo murió camino a Auschwitz, las más conmovedoras. En ellas se narra el ascenso de Hitler y también la pérdida de esperanza de su familia para dejar Europa a medida que se cierra el cerco sobre ellos.

“Soy una persona normal con una historia muy anormal”, asegura Sontheimer, “me sigue conmoviendo mucho lo que sucedió. No tengo rencor porque sé que no conduce a nada. Hay que dar mucho amor para intentar explicar lo que ocurrió. De lo que encontré en las cajas quedó mucho material afuera. Me intriga lo que pasó con la empresa que mi abuelo tenía en Barcelona. En Alemania lo perdieron todo. Y quiero contar la historia de las generaciones que se fueron de Alemania. Y también estoy abocada a que en Cataluña se enseñe en la escuela lo que pasó en la España de aquellos años”.

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