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Mallko y papa. Un libro sobre integración.Télam cultura
Publicada el 2015-05-21
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GUSTI

"Mallko y papá", un libro sobre integración

Quién mejor que un dibujante que usa papeles de todos los colores y formas, lápices nuevos, usados y hasta con poca punta para retratar el tema de la inclusión, como lo hizo Gusti en su libro "Mallko y papá", una serie de dibujos propios y de su hijo con Síndrome de Down.

 El nacimiento de Mallko, ahora de ocho años, "fue un bofetada" para el ilustrador argentino radicado hace años en España y en su libro habla, con dibujos, sobre el camino que transitó desde la frustración extrema hasta la aceptación del recién nacido.

"Se me acabó el mundo, no entendía nada, no se murió de milagro", asegura Gusti en una entrevista conTélam sobre Mallko, que nació sin previo aviso un mes antes de la fecha estipulada, en la casa del artista, una vivienda que, según describe, está inmersa en medio de un parque natural de difí­cil acceso.

"Cuando le vi­ la cara noté algo raro, pero no quise decir nada. Al dí­a siguiente lo llevamos al hospital porque no respiraba bien. Me quedé en el pasillo, en silencio, y entre corridas de médicos que querí­an ingresarlo a una incubadora contra la voluntad de la madre, escuché por primera vez la palabra 'Trisomí­a 21'", rememoró.

En el libro editado por Océano, uno de los primeros dibujos muestra un castillo, en lo alto Gusti -con una foto por cara- como un rey y debajo, un soldado a caballo, con la carita de su hijo y una frase que reza: "Cuando Mallko nació atacó mi castillo con todas sus fuerzas. Con todo su ejército".

El protagonista de las próximas dos hojas es el ilustrador, que se retrata sentado en una silla mirando hacia el cielo; otra con la cabeza gacha; pensativo; y la última en el suelo en posición fetal preguntando: "¿Por qué, Dios?"

"A veces, con los hijos pasa como con el dibujo: no te sale como lo imaginabas. A un dibujo lo puedes romper y volver a hacer, borrar, pero con el hijo, con el hijo de verdad... eso no lo puedes hacer", asegura en su texto Gusti quien estudió en la escuela de arte Fernando Fader como técnico en diseño y promoción publicitaria.

Con una intensa vida espiritual, rodeado de chamanes, personas que practican la medicina con plantas y un estudio de aves a su favor, Gusti cuenta que pasó por "un tira y afloje entre la fe y la ciencia" en las primeras horas de vida de su segundo hijo.

Fue en esa situación que una persona le dijo inesperadamente que si no quería al recién nacido se haría cargo "encantado de la vida" del niño y "esa frase me partió la cabeza", recordó el ilustrador que trabajó para la reconocida productora Hanna y Barbera, en proyectos como "Scooby Doo". 

Pero más aún le enseñó Théo, su hijo de unos siete años en ese momento, quien le comentó sin titubeos, "a mí­ que más me da si es verde, rojo o azul, plateado o con pelos o bajito, gordito. Para mí­ siempre va a ser mi mejor hermanito".

"Lo miré y vi a un maestro iluminado en la tierra. Esa fue la primera lección que aprendí­ desde que nació Mallkito", afirma emocionado, tanto en su libro como en la entrevista.



Una vez que pasó el perí­odo de aceptación, Mallko mejoró y una vez instalados en la casa, Gusti comenzó a juntar dibujos del pequeño y bocetos llenos de garabatos, dibujó los juegos que compartieron con manitos de todos los colores que rellenaron durante varias tardes y sumó fotografí­as intervenidas por el nene.

"El libro tiene 'dibujos' de mucha gente -dice con ternura- y de Mallko o de trabajos que yo tení­a listos y él mamarracheaba encima. El dibujo es, en este caso, una herramienta para poder contar cosas, no tiene ninguna función estética bonita". 

Así­ se encuentran: un coche con cuatro ruedas, un abrazo a su mejor amiga, un papel con dos curvas para ilustrar un cuento y las mismas curvas que se convierten en orejas o dientes de conejo.

En el camino de conocer sobre discapacidad, Gusti comenzó a escuchar de manera muy recurrente la pregunta ¿De qué grado es el síndrome? y "preguntar eso -sentencia- es como poner una etiqueta que dice 'de aquí­ no vas a pasar', una idiotez".

"Todos tenemos distintas capacidades: podés ser un crack en matemáticas pero ser un queso corriendo -afirma-. Así comprendí­ lo que es la discapacidad, y sé que la palabra no es justa porque valora lo que falta y no lo que hay que siempre es mucho, sobre todo valores".

"Mallko podrí­a ser venerado como un yogui -expresa orgulloso el padre- porque tiene una elasticidad admirable que a cualquiera le tomarí­a años alcanzar, sus capacidades pasan por ese lado".

Entre tanto, Gusti fundó "WinDown", una ventana al mundo a través del arte para chicos y familias que conviven con personas con el Sí­ndrome de Down. 
"Sé que sólo hay asociaciones que trabajan en las grandes urbes pero que si te alejas un poco no hay contención de ningún tipo", advierte este buscador incansable sobre la iniciativa que iniciaron en Barcelona y en una comunidad india de México.

La idea del libro es "mostrar que Mallko es como cualquier chico y ese mensaje, si la palabra mensaje es la adecuada, es que la gente comience a pensar: 'hace lo mismo que...'", resume el autor.

"Los adultos somos los que tenemos miedo, los chicos aceptan, los que ponemos rótulos, limitamos y catalogamos somos los grandes", asegura el dibujante que trabajó en revistas infantiles como Billiken y Cosmik.

Apodado por los chamanes como 'Quebrantahuesos', un buitre que toma vuelo con presas que tira desde las alturas para luego de rotos devorar el interior, Gusti tuvo que levantar vuelo y le tuvo que doler hasta los huesos para, finalmente, verse reflejado en el amor de Mallko.
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